Lejos de leyendas tehuelches e historias de exploradores y colonos, la localidad de El Calafate es hoy por hoy uno de los símbolos turísticos de la provincia. Con más de 75 años de vida, esta villa de 6439 habitantes promete belleza y confort a todos sus visitantes. ¡Y vaya si lo cumple! Los 152.700 turistas que la recorren anualmente pueden dar cuenta de ello.
Ubicada en un valle, al pie del cerro que lleva su mismo nombre y rodeada de pequeñas formaciones que tienen una altura promedio de 950 metros , la “Capital de los Glaciares” es un núcleo urbano que respira paz y armonía. Completan esta postal de paisaje bucólico el infinito lago Argentino que yace a sus pies, frío, sereno y paciente.
La infraestructura receptiva es amplia y para diferentes necesidades. Actualmente, la villa tiene un total de 2856 plazas, aunque la inversión y desarrollo es constante y las alternativas se amplían en todo momento. Desde albergues y hospedajes, hasta hoteles cuatro estrellas, pasando por hosterías, cabañas, campings y estancias, todas las opciones están perfectamente preparadas y dispuestas para recibir al turista y satisfacer todos sus gustos.
Respetando el entorno que lo rodea, el paisaje urbano, lejos de interferir con la belleza natural del lugar, la acrecienta. Las edificaciones son bajas y es común que las casas tengan amplios y pintorescos jardines en los que abundan una gran variedad de flores, arbustos y árboles. En época estival, recorrer las principales calles de la villa contemplando los rosales en flor de los jardines es un espectáculo digno de ser apreciado.
Por su parte, en invierno todo suele teñirse de blanco aportando un atractivo singular a la vista. En esta época la laguna Nimes y la bahía Redonda del lago Argentino (ubicada en las afueras de la villa) se congelan para deleite de vecinos y turistas, que utilizan las sólidas aguas para patinar o andar con trineos al aire libre, disfrutando de un marco poco usual para la práctica de estos deportes.
Hasta el clima acompaña con bondad este entorno de ensueño. Al estar ubicada casi en la frontera de la estepa patagónica, su clima es frío y seco, con temperaturas promedio que van desde los 18,6º C de máxima y una media mínima de 1,8º C.
Paisajes, infraestructura, buen clima; todo se conjuga para que la estadía de los visitantes en la villa sea placentera. No importa el objetivo que el turista persiga en estas tierras, las opciones son infinitas y cada una tiene un particular atractivo. Recorrer el Parque Nacional, navegar por el lago Argentino y acercarse a la imponente pared de hielo de los diferentes glaciares. Partir en una cabalgata por el bosque, recorrer alguna de las estancias aledañas y comer un típico cordero al palo o una trucha recién pescada. Caminar por las calles de la villa en un paseo de compras relajado, en la búsqueda de regalos y recuerdos. Salir de noche para terminar el día en alguno de los locales gastronómicos, discotecas y pubs del lugar. O simplemente buscar un punto apartado con vista al lago para sentarse a respirar el aire limpio y penetrante, a pensar únicamente en la inmensidad que lo rodea. Todas las alternativas plantean una ecuación única: convivir con la naturaleza en su estado más puro y real, con el confort y la calidez necesaria para pasarla bien.
Dulce y colorida, como el fruto que le da su nombre, El Calafate es la puerta acceso a las maravillas que la provincia tiene para ofrecer en la Comarca Austral. Sólo alcanza con llegar para sentirse en un lugar distinto.
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