El primer blanco que avistó el enorme lago que besa los pies de la localidad de Los Antiguos fue el capitán de fragata Carlos María Moyano, quien llegó a la zona el 29 de octubre de 1880. Inspirado por el clima templado que reina en el lugar, diferente al imperante en la mayor parte de la Patagonia austral, el militar explorador no dudó en ponerle por nombre Buenos Aires. Sin embargo, los pobladores aún tardaron varios años en llegar: el primero fue don Arsenio Melo, quien se afincó aquí hacia 1906. Apenas un lustro más tarde nació el primer bebé del incipiente caserío, y en 1913 se fundó la estancia La Ascensión, que aún hoy funciona.El reconocimiento oficial de la existencia de un poblado se dio el 11 de julio de 1921, cuando el gobierno nacional creó la colonia Leandro N. Alem, que en 1941 fue rebautizada como Los Antiguos, en homenaje a los originales pobladores de la zona.
El pueblo, que se convirtió en municipio en 1970, está ubicado sobre la margen Sur del lago, en las tierras que forman el delta de los ríos Los Antiguos y Jeinimeni.
Actualmente, tiene un millar y medio de habitantes, que se esfuerzan por mantener vivo el viejo espíritu de armonía y equilibrio. Sobre la base del trabajo y la creatividad, ellos son los responsables del notable crecimiento turístico que la región experimentó en los últimos tiempos. Cada verano son muchos los visitantes que llegan hasta aquí, atraídos por un paisaje que combina la naturaleza de los bosques y lagos australes con el colorido de los cultivos frutales y florales.
Gracias a las bondades del microclima del lugar, cerezas, guindas, frutillas, frambuesas, peras, manzanas, damascos, duraznos y ciruelas crecen a sus anchas, en chacras familiares que abren sus puertas al turismo para mostrar los cuidados artesanales que ponen en la realización de mermeladas, licores y conservas al natural y en almíbar. Además, otros establecimientos vecinos ofrecen la posibilidad de degustar truchas y corderos patagónicos asados, platos fuertes de un menú que también puede incluir las mismas carnes (y otras, como la de guanaco) al escabeche o ahumadas.
Satisfecho el sentido del gusto, los otros cultivos exóticos se encargan de hacer gozar a la vista y al olfato. Recortados sobre los picos nevados de la cordillera, los multicolores campos de tulipanes forman postales soñadas, encabezando un elenco floral que completan pensamientos, dientes de león y helechos.
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